Posteado por: beacm | marzo 9, 2008

Toscani desata de nuevo la polémica

 

La campaña se presentó el pasado 28 de febrero en el semanario Donna Moderna y, como es habitual en el irreverente y trasgresor Toscani, pretende ante todo escandalizar y utilizar la polémica al servicio de la denuncia social. En este caso, se trata de denunciar la violencia de género a través de la representación de un niño y una niña: Mario y Anna desnudos y sobre cuya imagen se proyectan los papeles de verdugo y víctima.

La elección de la imagen de ambos niños es consecuencia de una asociación consciente del autor entre las características y vivencias de la infancia, mejores o peores, y la consecuente violencia de los hombres contra las mujeres. Los niños representan en este caso la inocencia y la pureza, que con posterioridad se irá contaminando a través de la educación y socialización recibidas. Una responsabilidad que para Toscani debe recaer en las madres, entendiendo que: “Las madres tienen que ser conscientes de que les toca, sobre todo a ellas, educar a sus hijos y hacerles crecer respetando al otro sexo y al resto del mundo“.

No obstante, aunque comparto con el autor la idea de que la educación y los valores recibidos desde la infancia son determinantes para el desarrollo de la personalidad, no estoy de acuerdo con la posibilidad de que esa responsabilidad formativa recaiga exclusivamente en las madres, a pesar de la pervivencia de una sociedad patriarcal, porque eso supone establecer una generalización evidente y una asociación directa entre varones y transmisión de valores negativos o violentos.

En cualquier caso el acierto de la campaña radicará en su capacidad para fomentar un debate más profundo acerca de las causas de la violencia de género, aunque para ello haya ido demasiado lejos al generalizar de manera excesivamente radical y asociar a los niños con los futuros hombres violentos y a las niñas con las potenciales víctimas. Si bien es cierto que existe una mayor prevalencia de comportamientos violentos en los maltratadores que han experimentado situaciones previas de violencia de género, doméstica o familiar, también lo es el hecho de que no existe una asociación lineal entre experiencias violentas y desarrollo de una personalidad agresiva. Es imposible predeterminar que todos los niños vayan a ser violentos con sus parejas, así como es posible que ante una socialización deficiente durante la infancia y adolescencia, y con los debidos recursos, niñ@s procedentes de familias violentas o desestructuradas puedan aprender positivamente y referenciar a tiempo sus comportamientos.

Por lo tanto, aunque el resultado de la campaña pueda resultar efectivo en potencia por lo llamativo de la propuesta, le faltan matizaciones muy importantes y un enfoque, quizá menos trasgresor, pero que no desvirtúe la esencia del fenómeno de la violencia de género activando otras polémicas paralelas (derechos de la infancia, protección de los menores, afán de lucro a costa de las víctimas, etc.).

 

La campaña ha suscitado inmediatas reacciones y avivado la polémica tanto en Italia como el resto de países donde se ha difundido, a pesar de que para el autor lo interesante no radica en la polémica, sino en la fuerza del arte para llamar la atención y provocar el debate. Como recoge La Vanguardia (28.02.2008), inmediatamente el Observatorio sobre los Derechos de los Menores, asociaciones de padres y también la Unión de Mujeres de Italia (UDI), se han manifestado disconformes con la campaña. El Observatorio considera que la campaña ha traspasado de forma radical la barrera de protección hacia la infancia y se entiende que puede incluso suponer una incitación para pedófilos y redes de tráfico infantil. Por otro lado, la presentación de dos niños completamente desnudos representa para la UDI una mercantilización de los cuerpos infantiles; así como la identificación de los niños con los verdugos olvida su propia condición de víctimas de la violencia. Por su parte, la Asociación italiana de padres (AGE) considera peligrosa la campaña porque supone una confrontación directa entre niños y niñas, obligados a recelar unos de otros.

Es cierto que el autor no tiene en consideración según su propuesta la condición de víctimas de la violencia de los hijos e hijas provenientes de entornos donde ha estado presente la violencia de género. Y aporta además una visión unidireccional que no admite posibles desviaciones a la norma como las que existen en la realidad: hijos respetuosos y en absoluto violentos, hijas que aprenden los comportamientos manipuladores del agresor, etc. También es censurable, en cierta medida, la elección de dos cuerpos infantiles completamente desnudos y expuestos, por las repercusiones que más allá de la polémica pudieran conllevar las imágenes en un mundo enfermo como el actual; no tanto por una restricción de la libertad creadora, como porque entendemos que el mensaje hubiera cobrado la misma fuerza (que no la misma discusión) si los niños se hubieran presentado de otra manera menos hiriente para las sensibilidades del público y más respetuosa con la imagen infantil (al igual que se exige el mismo respeto para las imágenes femeninas).  No entiendo, sin embargo, que el mensaje pueda suponer una confrontación peligrosa entre niños y niñas, puesto que no es eso lo que se pretende y mucho menos lo que se puede conseguir a través de una campaña publicitaria por muy polémica que resulte.

 

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Responses

  1. muy fuerte el cartel de ese anuncio. Me parece fuerte.


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